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DÍA VI.-(<DIES UNIONIS SUPERNATURALIS)} 451 a ia caridad directa o indirectamente. No pode– mos hablar de tocios: :::ólo mencionaremos algu– más ¡:':·i,:cipales para precavernos de ellos y no manc'.llar la hermosura de la caridad fra– terna. Por consecuenci::. trat::u:emos brevern.ente: I. De los juicios temerarios. II. De la enz,iclia. III. 1·,v. ira y z:enganza. V. De la contumelia. VI. De Za clctracción. VII. Del escánclalo. VIII. De la cooperación al mal. So::i tan comunes y tan inherentes a la huma– no. nri.t,1raleza estos v;cios, que apenas se encuen– tran ¡rrsonas que no lnyan caído en ellos, en ma– yor o menor graclo. El prójimo, imagcm de Dios y nurs~ro compañero en este mundo, debía ayu– darn:::s para mejc 1 r servir al Creador y conseguir :rnestra últim¡i, felicidad; y, sin embargo, fre– cuentc"mente sirve dr tropiezo y d!? obstáculo para r;: 0 montarnos a }as alturas de la perfección. Es tanta la malici.a humana, que las cosas más preciesas cci:wiert2 e::1 v\12s; las buenas, en ma– las; las dulcrs, en amargas; las saludables, en nocivas. I. .JUICIOS 'l'E'.VUmARIOS Se puede ofl'nder el honor del prójimo interna o externamente: intername':lte, por los juicios tL~– merarios, y, externamentr, por la contumelia. El juicio temerario es un asentimiento firme de la mente que, por leves e insuficientes moti– vos, juzga de los pecados o defectos del prójimo. Se distingue de la opinión, en que en ésta hay asentimiento de la mente, pero con temor de errar: de la sosp¡cha, que no e_s más que una inclinación. al asentimiento. y de la duda, que sus-
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