BCCCAP00000000000000000000622
448 (( A L V E Il N I A )) ------- ambiciosa, no busca las cosas propias o es egoís– ta, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la iniquidad; al contrario, se alegra de la verdad. La caridad todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo padece» .(270). En estas palabras sef1ala el Apóstol las principales propiedades ne– gativas y positivas que debe revestir nuestra ca– ridad fraterna. Examinemos si nuestra caridad es tal cual la quiere S. Pablo. ¿Amamos a nues– tros prójimos según la doctrina arri.ba expuesta? ¿Cómo cumplimos el precepto ele'. S,.':lor? ¿Cómo ejercitamos la caridad fraterna? ... CONCLUSION De los primeros cristianos se dice que eran un solo corazón, una sola alma í271J; los gentiles, admirados de su mutua caridad, se decían: Ved cómo se mnan los cristianos. Ese mismo amor y aún mayor debe existir en las casas religiosas entre unos hermanos y otros. Corno en una fami– lia bien ordenada y bien nacida y educada, to– dos, padres, hijos, hermanos, parient2s, se quie– ren, se aman, se ayudan, se dispens:1n, se perdo– nan, así debe ser en las familias religiosas, cu– yos miembros deben quererse, amarse, ayudarse, dispensarse, perdonarse... La casa religiosa donde reina el egoísmo, la discordia, la critica, la murmuración, los resen– timientos, las :mtipatías, los odios ... , es un an– ticipado infierno, no se puede gozar de la felici– dad claustral. Al contratjo, donde reina la ca– ridad, la unión, la concordia, la paz ... , se puede decir que se vive en un paraíso anticipado. Dice San Buenaventura: «Donde reina el amor, allí hay unidad, concordia» (272), que produce la fe– licidad. Como de una multitud de voces unidas, (270) l Cor., XIII, 4 y (271) Multitudn a"11tem erat cor un·uo:/i, e 1 anima sua. Act.. IV, 32. {272) sermo IV, de P11rif. B, M. v., t. IX, p, 653.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz