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442 ((ALVERNIAll III. MODO DE Al\'.IAR A NUESTRO PROJL!\'IO No cabe la menor duda que tenemos obligación de amar a nnestro prójimo; que la caridad es una virtud rccomend:c.dísima en la Sagrada Es– critura, en toda la tradición y en escritores que tratan de la vida cristiana y espiritual... ¿Cómo debemos amar a nuestro prójimo? ¿Qué cualida– des debe tener nuestro amor para que sea per– fecto? ¿Cuál es el amor que nos manda Jesús y nos recomiendan las sagradas Letras? Jesús nos d:ce: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Esta partícula sicui no significa igual– dad, es decir, que tengamos que amar al prójimo tanto cuanto a nosotros mismos con la misma apreciación e intens:dad; porque,. según el orden de la caridad, en igualdad de circunstancias y de órdenes, mús nos debemos amar a nosotros mismos que a los demás. La caridad bien ordena– da empieza por sí mismo. Esa partícula significa semejanza, es decir, que debemos amar al prójimo de la misma manera que nos amamos a nosotros. Que procuremos por Dios y para Dios los mismos bienes para el prójin~o. que procuramos para nos– otros ml:s:11os. Esta manera se halla sintetizada en los dos principios siguientes: Quod tibi non vis, alteri ne Jeceris. No hagas a otros lo que no quieras pai·a Ll. Esta es la parte 110gativa del pre– cepto, no hacer a nue;:;tro prójimo lo que a nos– otros nos desagrada que hagan los de:nás con nuestra persona o nuestras cosas. Quod tibi fieri vis, alteri Jeceris. Todo lo que deseamos de bueno para nosotros se lo cteoemo;:; desear y, en cuanto podamos, hacer a los demás. Esta es la parte po– sitiva de la caridad. En esta doble regla nega– tiva y JJOsitiva se halla la norma para amar a nuestro proji1,10. Vlendo Jesucristo que nuestro amor a noso~ros 11:is~11os muchas veces es defec– tuoso, inuré!Jna.:10, st1jeto a muchos vaivenes, nos manda que amemos a nuestro prójimo como Él

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