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DÍA VI.-(<DIES UNI◊NIS SUPERNATURALISll 439 quien no ve? Tenemos este mandamiento de Dios: que quien ama a Dios, ame también a su herma– no (230). El Apóstol del amor, siendo ya anciano, se hacía llevar a la iglesia por sus discípulos, y como no podia proferir muchas palabras, les so– lía referir siempre: Hijos míos, amaos mutua– mente. Los discipulos, ya cansados de oir siem– pre el mismo sermón, le dijeron: Maestro, ¿por qué nos dices siempre lo mismo? Respondió San Juan: Porque es el precepto por excelencia del Señor; si éste se cumple bien, basta (231). Oigamos también a S. Pablo: Amad sin simu– lación, odiando el mal y adhiriendo al bien; amándonos con caridad de fraternidad, preve– niéndonos mutuamente en el honor .(232); se– guid la caridad (233); todas vuestras cosas se hagan en caridad (234); por la caridad clel Espí– ritu, servíos mutuamente (235); fundados y radi– cados en Za caridad (236); soportándonos mu– tuament1; en caridad (237); sobre todas las cosas, tened caridad, que es vínculo de perfección (238); revestíos ele la coraza de la fe y ele la cari– dad (239); la caridad ele la fraternidad perma– nezca en vosotros (240); el fin de todo precepto es la caridad (241). Soportad unos las cargas de los otros y asi cumpliréis la ley (242); sufrién– doos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si acaso tiene alguno queja contra otro (243). En éstas y semejantes expresiones abundan las Epís– tolas de S. Pablo, cuyo corazón le devoraba la (230) I Joann., IV, 7-21. (231) s. HIEHONYMUS, Gomment. in Epist. ad Galatas, lib. III, c. VI. Breviarimn, lect. VI, in festa S. Joannls, die 27 decemb. (232) Rom., XII. 10. (233) I Cor., XIV, 1. (234) Gal., V, 1:1. (235) I Cor., XVI, 14. (236) Ephes., III, 17. (237) Ephes., IV, 2. (238) Golas.. III, 14. (239) I Thes., V, 8. (240) Hebr., XIII. I. (241) I Tim., I, 5. (242) Gal., VI, 2. (243' Oolos., III, 13.
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