BCCCAP00000000000000000000622

426 «ALVERNIA)) ------- ----·-~--· ;:;nras para los que te temen! (202) ¡Cuántas ale– frías nos tienes reservadas para los que aman! ¡Qué gustos más celestiales comunica a las almas que con Él se unen por los vínculos del amor ver– dadero! ... Causa profunda paz. El alma entregada al amor descansa, pacífica y tranquila, en brazos de su Esposo divino; en Él confía, a Él se abandona. Ni la prosperidad ni la adversidad la conmueven; ni la humillación la perturba, ni la alabanza la exalta. La paz consiste en la tranquilidad del orden, y en el alma santa todo está ordenado, posee perfecto dominio de sus apetitos. Su deseo único, sus aspiraciones, todas sus actividades, di– rige a complacer al Amado; en Él descansa, con Él comunica sus penas y alegría, en su poses10n se siente feliz. Los que aman tu ley disfrutarán de paz (203). En resumen: el amor de Dios justifica, une la criatura con el Creador, transforma, da energías, vence obstáculos, soporta sacrificios, llena de go– zo y alegria, causa tranquilidad, dulzura, hace pre– gustar anticipadamente las delicias del pa– raíso... Siendo una virtud tan excelente, la reina de todas las virtudes y la esencia de la perfección, resulta que tiene un papel importantísimo en nuestra santificación; es como un atajo para la santidad. El camino más seguro, más breve, es el amor de Dios y del prójimo. Tanto más adelantaremos cuanto más puro, más desintere– sado, más enérgico, más constante, más intenso sea nuestro amor a Dios. El termómetro del amor de Dios será el de la santidad; no se medirá por la penitencia, la mortificación, la observancia, las otras virtudes, sino por la caridad verdadera. El amor sobrenatural a Dios y al prójimo debe ser el norte de todos nuestros esfuerzos, la brújula de nuestro navegar por las vías de la perfección. (202) Quam magna multitudo dukedinis tuae Domine, quam ab condisti timentibus te. Ps. XXX, 20. 1203) Pax multa cliligcntibus /egem tuam. Ps. CXVIII, 165.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz