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424 (<ALV.ERN!A)) y luego que llega ella, obedécenla aquéllas y la sirven, así como las demás virtudes, y ella las ani– ma, embellece y vivifica a todas con su presen– cia» (195). La caridad es la reina y a la reina sigue el séquito de todas las demás virtudes. IV. EFECTOS DE LA CARIDAD La caridad produce efectos maravillosos en el alma. Además de la eficacia que tiene para jus– tificar, produce en el alma otros muchos efectos. Mencionaremos algunos. l. Por medio de la caridad, el hombre se une con Dios: «el espíritu, por la alta estima que tiene de Dios y por tener siempre el pensamien– to puesto en él; la voluntad, por someterse en– teramente a la voluntad divina; el corazón, por– que subordina todos nuestros afectos al amor di– vino; nuestras energías, porque todas las pone al servicio de Dios y de las almas» (196). 2. La caridad transforma. Así como el fuego, con su actividad, transforma el hierro en el fue– go y quema todas sus escorias, del mismo modo la caridad en el alma la transforma espiritual– mente en Dios y la purga de todas las malezas e imperfecciones. El amor hace semejantes a los amantes. La caridad divina nos hará semejantes a Dios. 3. La caridad establece cierta simpatía entre Dios y el alma. La simpatía es cosa connatural a los amantes, se entienden fácilmente, se adivi– nan sus pensamientos y deseos, se unen estrecha– mente, se comunican sus intimidades... La cari– dad hace que conozcamos mejor las cosas de Dios, que saboreemos sus dulzuras, que sigamos sus deseos, que sintamos su presencia, su providen– cia, su bondad ... \ 1()5¡ Tra'ité de l'amoar de Dieu, l. XI. c. 8. c. 9. (196) AD. TANQlJEREY. Compendio de Ascet. y Mist Lib. II, e III, p. 782.

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