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DÍA VI.--<(DIES UNIONIS SUPli:llNATURALIS)) 423 Dios ejercitándose en las virtudes morales, re– mov1endo obstácu10s, mortificanuo pasiones, ejer– cnanao la paciencia, 1a aonegac10n, 1a humil– aad, etc., por amor de Dios... Los JJerfectos, ejercitanaose en todo lo anterior, ma:; eI1 !Os actos de complacencia, de conformi– aad con la voluntad de Dios, de amistad íntima, ae mutua entrega, de unión mística con el sumo bien... En todos y cada uno de los estados espiritua– les es necesario ejerc1tarse con prererencia en el amor de 1J10s; porque es la esencia de la pertecewn. Cuanto más perfecto sea el amor ae D1us en el alma, mas crecera en perfección. i.,a Lttnuaa encierra en s1 todas las virtudes, les comunica una dignidad y perteccion especial, ha– ciendo que todos los actos de ellas se encaminen 11acia D10s. Por esto dice s. Pablo que la caridaa es sufrzaa, es benigna, es bienhechora; no tiene enviaia, no se ensoberbece, no obra precipitada– mente, no es ambiciosa, no busca sus intereses, no se írrita, no piensa mal, no se huelga de la iniquidad, com]Jlácese en la verdad; a todo se acomoaa, toao to cree, todo lo espera y todo lo so– porta (194). n'odas las virtudes, dice S. Francisco de Sales, separadas de la candad, son muy imperfectas, porque sin ella no pueaen alcanzar su fin, que es la felicidad del hombre ... No niego que pue– dan nacer, y aun crecer, un tanto sin la caridad, pero que consigan su perfección de modo que pueda llamárselas virtudes acabadas, formadas y completas, es cosa que depende de la caridad, que les da fuerza para volar hacia Dios, y re– coger de la divina misericordia la miel del ver– dadero mérito y de la santificación de los cora– zones, donde moran. Es la caridad entre las vir– tudes como el sol entre las estrellas; repártelas toda su claridad y su hermosura. La ;fe, la espe– ranza, el temor y la penitencia la preceden de ordinario en el alma para prepararle la morada; \ 194) 1 Cor., XIII, 1-13.
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