BCCCAP00000000000000000000622

422 «ALVERNIA)) :t Dios nos JJide nuestro amor.-Dios no sólo nos amó prim<?ro, nos colmó de benelicios, sino que nos pidió nuestro :1mor. Es tanto el deseo que tiene de nuestro amor, que lo impuso como precepto formal. ,-irnarás al Sefior tu Dios (188). Este precepto que Él llama el mayor y el prime– ro de toclos ( 189); que encierra en sí todo cuanto han inculcado los Profetas, predicado los Após– toles y enseriado el mismo Cristo (190). Este pre– cepto, esta virtud del arnor, de cuyas excelen– cias antes hemos ya hablado y ponderado, nos pide Jrsús. Dios 1rnrecc, que se muestra como mendigo de nuestro amor. Yo estoy a la puerta y llamo \ 1911. Abreme, hermana mía, amiga mía... (192). Yo soy el Esposo amante que llamo a tus puertas. No te hagas sorda a mis requeri– mientos, ábremc las pucrtas de tu corazón. Alma mía, ¿por qué no has de amar a tu Dios y Se– üor? ¿,No ves qae está u tus puertas y llama? ¿No oyes su voz du:císima que te pide tu cora– zón? Dame, hijo mío, tu corazón C193). ¿Te atre– verás a negárselo a Dios, que te lo pide para lle– narlo de felicidades temporales y eternas, y se Jo fntregerás a una vll criatura que no te retor– nará más que dolores y amarguras? III. DEBEMOS EJERCITARNOS EN EL AMOR DE DIOS La caridad se acomoda a todos los estados de la vida espiritual, Los principiantes se ejercitan en la. caridad por el amor penitente, doliéndose de sus pecados, llorando sus culpas, temiendo ofender a Dios de nuevo, apartándose de las ocasiones para no desagradarle. Los proficientes deben practicar el amor de (18B¡ Matth., XXII, 37. ¡ 189 J /bid., 38. (190) Iblcl., 39-40. ,. (191) Ego sto aa ostiurn, et pul o. III, 20. (192) Apcri mihí soror mea, amica col1Lmba mea, immac1Llata mea. Cant., V, 2. (193) Praebe, fili mi, cor timm mini. Pro1•., XXIII. 26.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz