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420 {(ALVERNIA)l las criaturas; amamos más las bellezas creadas, transitorias, efímeras, que la belleza increada, infinita, eterna... ¿Para qué arnúis la vanidad y vais en pos de las cosas engañosas ele este mun– do? (180). 2. Dios es arnantfsimo.-Dios, no sólo es ama– bilísimo en Sí mismo, en su persona y en sus atributos, sino que es también amantisimo Pa– dre, que nos ha prodigado toda clase de bienes. No hay cosa que encienda más el corazón huma– no en el amor que el verse amado. Saber cier– tamente que una persono. nos ama, que nos quiere bien. c¡ue busca por todos medios mani– festarnos su amor, que se sacrifica y da todo por nuestro bien, es un móvil al cual el humano co– razón no se puede resistir. ¿Cómo, pues, no amar a Dios, que nos ama tanto? Amemos a Dios, nos dice S. Juan, ya que Él nos amó primero (181). En efecto: estábamos en la nada, éramos nada. y ya Dios nos amaba; desdé, la eternidad ocu– pamos su pens'.lmiento y voluntad. Te amé en caridad perpetua ( 182). Amándonos, nos creó, nos colocó en el palacio de este mundo; nos donó el cuerpo con sus sentidos, el alma con sus potencias, el mundo exterior con todos sus se– res. Nos creó y todas las cosas sujetó a nues– tro dominio (183) y puso a nuestro servicio. Como un padre no puede menos de '.lmar y cuidar a su hijo, un artista su trabajo, un jardinero su planta; así Dios, como Padre amo– roso, nos conserva y nos cuida. como artistr, nos defiende de los enemigos destructores y co– mo jardinero nos cultiva en el jardín de este mundo. Más todavía. Caiclos e!l la culpa, viene, se hace Hombre, padece y mucre por salvarnos. ¿Por quién se queda en nuestros altares, funda (180) Fllii ho:nin'lun 1_tsr¡uerl1Jr] qra1'i rore]('? ·ut anid diliaitis ,·,mitntPl!l rt miacritis 111''ncla.ritirn? Ps. IV. 3. (181) Nos rrqo cli/iqomu.s Dnwi, r111011ia111 Deus J!Tior c/i/C'Tit nos. I Joo.nn., IV. 19. (182) Et Í?I caritatP PPl'J)Clli/1 clil''J;: te, ideo a/trCITÍ tP. miserans. .!Pr.. XXXI. 3. (183) Omniri .s!lbjecísti s11.IJ peclitms eius. Ps. VIII, 8.

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