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418 {(ALVERNIA)) pulas: si os amáis los unos a los otros (178). No hay virtud más necesaria, más excelente, que la caridad divina, el amor de Dios. Pero para que la voluntad ame, se ejercite en los actos de amor, tiene que tener motivos y conocer al amado. El entendimiento tiene que presentar las bellezas y atractivos del objeto amado, para que tienda hacia él. Cuanto mayor sea el aprecio que tenga el objeto, mayor será también la tendencia con que hacia él se mueva. Sólo a grandes rasgos indicamos algunas de las razones que el alma debe considerar para mover– se al amor de Dios. A éstas cada uno podrá aña– dir otras muchas que la fe y la piedad de cada uno nos ensefi.an . 1. Dios es amabilísimo.-Todo bien es digno de ser amado, pero de modo especial el bien sumo, en el que se encuentran todos los bienes. Lo in– finitamente bueno es infinitamente amable; Dios contiene en Sí una bondad infinita, sin limites de ningún género: luego merece ser amado por todos. Es amabilisimo por su sabiduría, tan inmensa, que nada olvida de lo pasado, nada ignora de lo presente, nada se le oculta de lo futuro. Todo lo ve presente en Si mismo, todo se representa en su esencia como en un espejo limpísimo. Ni lo interno, ni lo profundo, ni lo lejano, ni lo pro– pio, ni lo ajeno se le puede esconder a sus ojos, que de una simple mirada, por un acto simplicí– simo, lo conoce todo sin sombras y sin cambios... Es amabilísimo por su omnipotencia, que es igual a su querer. Hace cuanto quiere, como quiere y cuando quiere; nada hay que pueda re– sistir a su poder; los cielos y la tierra penden de un simple acto de su voluntad omnipotente. Con un solo fiat brotaron todos los mundos con sus órdenes y armonías inefables, y con otro fíat puede reducir todas las cosas a la nada... ( l 781 In /wc cognos 0 cnt omnes quia discipuli mei estis, si diiectionem habueritis ad invicem. Joann., XIII, 35.
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