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DÍA VI.--<<DlES UNIONIS SUPERNATURALIS» 409 el corazón del hombre a obrar el bien o el mal. Por el amor el hombre sufre, y sufriendo goza. No sólo lo;:; seres creados se mueven por el amor, sino que el mismo Ser increado obra también por el amor; y las divinas Letras le llaman amor: Dios es caridad (164), Dios es amor inmenso en Sí mismo, y las criaturas son participaciones, reflejos de ese amor infinito. El amor es como un círculo que empieza y acaba en Dios mismo. Empezando en Dios, pasa a sus criaturas, y de éstas vuelve a su origen, que es el mismo Dios. En el amor podemos considerar como dos fuer– zas: una, centrífuga, que se irradia de Dios a las criaturas; otra, centrípeta, que se dirige de las criaturas a Dios, centro de toda la creación. ¿Qué es el amor en el hombre? El amor en el hombre es una tendencia, un movimiento hacia ur:. bien; se especifica según los objetos y poten– cias respectivos: a) Si el bien hacia el cual tiende la potencia es sensible y percibido por las potencias sensibles como agradable, el amor se llamará sensible ... b) Si el bien es honesto, conocido por las fa– cultades intelectuales como digno de estima, el amor será racional, propio de la voluntad... c) Si el bien es sobrenatural, conocido por la fe, el amor será cristiano, propio del orden so– brenatural de la gracia... En todo amor se pueden distinguir cuatro ele– mentos: 1) Simpatía hacia el objeto amado, proce,dente de la proporción entre el objeto y el amante; esa proporción lleva consigo complemento mu– tuo; los dos términos se completan mutuamente. 2) Movimiento o tendencia del alma hacia el objeto amado. Porque quiere aproximarse, pose– sionarse del objeto, gozar de su presencia... 3J De aquí viene, por consecuencia, la unión y comunicación de los espíritus, de los corazones, de los afectos, de los sentimientos. Quieren ha– cerse mutuamente partícipes de los bienes pro- (164) Deus caritas est. I Joann., IV, 16. «AL\'EflNIA}) 27.

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