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DIA VI Conferencia III (XXIII; DE LA CARIDAD PARA CON DIOS Dilíges Dominum Dewm tuum c:r toto corde t·uo et in tata anima tua, in tata mente tua. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. con toda tu alma y con toda tu mente. (Matth,, XXII. 37.) Hay una palabra mágica que doblega todas las voluntades, que conquista todos los corazones, que sustenta todas las felicidades, que consuela en todos los dolores: esa palabra misteriosa es el amor. Todo ama en la creación: ama el sol, co– mo rey entronizado en el cielo; aman las estre– llas que titilan en el silencio sepulcral de las no– ches; aman las aves con las algazaras de sus trinos en los aires; aman los animales de la sei– va, las plantas del bosque, las flores de los jar– dines, la profundidad de los mares, los tesoros de la tierra; en una palabra, todo el universo no es más que un cántico de amor a la gloria de su Creador. Los seres irracionales necesariamente aman y tributan la gloria debida al Hacedor supremo, se– gún sus respectivas naturalezas. Los seres racio– nales aman, de una manera libre y consciente, al Ser supremo o a los demás seres de la creación. Aman los hombres mil objetos diversos: unos po– nen sus amores en las riquezas, otros en los pla– ceres; éstos, en los padres, parientes y amigos; aquéllos, en las ciencias, en las artes, etc. El amor es el que doblega la humana voluntad, arrastra

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