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406 ((ALVERNIA)} tisimo, que cometió adulter.io y homicidio contra la. divina Ley; piensa en Salomón, sapicntísimo, que adoró los ídolos vanos y pésimos; piensa en Manasés, rey inicuo, que, pecando más que to– dos los reyes de Israel, decía: Pequé sobre las arenas del mar y no soy digno de mirar al cielo, por la multitucl de mis iniquidades .(162); piensa siempre que todos éstos hallaron perdón delante de Dios. Pero, ¿para qué mús ejemplos del An– tiguo Testamento? Mira a Mateo, sentado en el te:onio, pecador y publicano, elegido por discí– pulo; mira a Pablo, que apedrea a Esteban, y se convierte en Apóstol; mi.ra a Pedro, que niega a Cristo, y lu0go encuentra perdón; mira al solda– do que crucifica a Cristo, y luego espera en la divina mis0rícordia; mira al buen ladrón, que im– petra perdón p0ndiente de la cruz. Ultimamente, alma mía, mira aquella famosa e inmunda pe– cadora María Magdalena, que se convirtió en predilecta amante de Jesús. Todos los que con Cristo reinan, en otro tiempo fueron pecadores, o, por lo monos, pudieron haber pecado si la di– vina clemencia no los hubiera preservado; por– que al que se le ha concedido de no pecar, no es por obra de la naturaleza, sino de la gracia celestial. Ahora ya con seguridad imploraré a los profetas y a los reyes; con santa audacia in– vocaré a los Apóstoles, con constancia interpelaré a todos los confesores, vírgenes, viudas y a to– dos los santos, pero mús ardientemente invocaré a la Virgen María, Madre de Dios; sé que Maria es tan piadosa, tan dulce, tan suave, que no pue– de nombrarse sin que se encienda el corazón; ni puede pensarse en ella sin que recree el afec– to de los que la aman. Esta es la que impetró la salud para todos y obtuvo la reparación de todo el mundo, como dice S. Bernardo. Y S. Anselmo añade: «¡Oh mujer admirablemente singular y singularmente admirable!, por la cual se renue– van los elementos, se curan los enfermos, se sal- (162) Oratio 1\Ia:wssae Regís Juda.

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