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404 «ALVERNIAl) bargo, Yo no me olvidaré (149). El olvido de las madres de sus hijos es posible; el olvido de Dios de sus criaturas, es imposible. El amor de Dios hacia el alma es también comparado al amor de un ESPOSO para su esposa: Te desposaré, dicP por el profeta Oseas, conmigo para siempre ... , y sabrás que soy tu Dios (150). Jesucristo se com– para también a un solícito PASTOR: Yo soy el Pas– tor bueno que c01w.'.cco a mis ovejas, y el Buen Pastor da la vida por sus 01,1ejas, las defiende del lobo y las conduce a los buenos pastos .051). Recordad la parábola ele la oveja perdida, cómo el Buen Pastor Jesús va en busca de ella, dejan– do las noventa ?J nueve en el redil (152). Dios, fi– nalmente, es nuestro cusTonrn: guarda al justo como la pupila ele sus ojos (153). Dice el Señor por Zacarías que el que os tocare, tocará la pu– pila de sus ojos (154). Con éste y otros nombres consoladores es llamado Dios en la Escritura, los cuales infunden en el alma más atribulada con– fianza y esperanza firmísima de que Dios nunca abandona a los suyos, y que mira con misericor– dia y compasión a los que sufren. Con ellos estoy en la tribulación (155). Los ojos de Dios sobre el justo y sus oídos siempre atentos a escuchar sus oraciones (156). Estas dulces consideraciOnes, fun– dadas en la divina Escritura, abren los senos de nuestro corazón, a fin ele que con la confianza de hijos nos abandonemos en los brazos de nues– tro amoroso Padre celestial, cuya misericordia y bondad no conocen límites. (149) Nwnc¡uid ob,oivisci votest 11wlier infantem simm, ut non m'isereatur filio 1tteri sui? et si illa oblita fuerit, ego tamen non obHi•iscar tui. Is., XLIX, 15-16. (150) Et svonsabo te mihi in semviternmn ... et scies c¡ui, ego Domimis. Os., II, 19-20. (151) Ego sum Pastor lJonus: et cognosco Ioa11n., X, 11 y (152) Matth., 12 y slgs. (153) Et iit vuvilam oculi sui. Dent., XXXII, 10. 1154) Qui tctigerit vos, tangit vuvmam oc11li mei. Zach., II, 8. 1155) Cum ivso sum in Ps. XC. 15. 1156) Oculi Domini super et aures eius acl µreces eorum. Ps. XXXIII, 16.
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