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400 ((ALVERNIA)} auxilios necesarios y abundantes de la gracia di– vina, etc. Esta desesperación puede proceder de muchas causas: de falta de fe, de las pasiones sensuales, de la relajación y tibieza espiritual, del carácter melancólico, de los escrúpulos, de las tentaciones vehementes y continuadas, de las caí– das frecuentes y habituales y otras causas que ahora no podemos mencionar. Para corregir es– te vicio es necesario indagar la causa de dónde procede y aplicar el remedio conveniente. No se ha de confundir la desesperación con el santo temor de Dios, que nos hace desconfiar de nosotros mismos y nos obliga a clamar al cielo para que nos libre del pecado y no nos deje caer en la tentación. También la desesperación es muy diferente de la sequedad que experimentan algu– nas almas, que les parece no sentir nada de las co– sas espirituales, ni desear las cosas del cielo; viven en una especie de tinieblas que les causa tristeza, amargura y dolor. Estas pruebas, las tentaciones y adversidades que Dios permite, parece que ha– cen desesperar al alma y la desaniman, de tal modo, que a veces teme cansarse y desistir de lu– char y caminar adelante; se desalienta y piensa que jamás podrá enmendarse, que no podrá lle– gar a conseguir la santidad y aun la salvación, creyéndose como abandonada de Dios, quizá en castigo c;le sus pecados pasados. En esta circuns– tancia es necesario convencerse de que Dios permi– te la tentación y la adversidad para nuestro bien, para purgarnos de los defectos, para castigarnos de las culpas pasadas, para desprendernos más de las cosas sensibles y buscar con mayor pureza de intención la gloria de Dios. Jamás permitirá el Se:ñor que seamos tentados o afligidos sobre nues– tras fuerzas; en medio de la tribulación está siempre a nuestro lado para darnos la mano en caso de necesidad. Tengamos paciencia, confian– za y esperanza que después de la tempestad ven– drá la calma; y, después de las densas tinieblas de la noche, aparecerá la luz esplendorosa del sol. En medio del dolor debemos exclamar con el salmista: No temeré los males, porque tú estás
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