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DÍA VI.-«DIES UNIONIS SUPERNATURALIS» 393 :ca (99); en Ti, Seiior, he esperado y no seré eter– íWmente confundido (100). También es motivo de nuestra esperanza Jesu– cristo, nuestro Redentor y Mediador; Él ofreció sus satisfacciones por nosotros, murió por nues– tra salvación, se entregó a la muerte por nuestra vida; es la causa meritoria de nuestra esperanza. Como dice el Concilio Tridentino: «Siendo nos– otros enemigos de Dios, por la grande caridad con que nos amó, por su santísima Pasión en el ma– dero de la cruz, nos mereció la justificación y satisfizo al Padre por nosotros (101). Por esto, la Iglesia, en sus oraciones, siempre pide por Jesu– cristo Nuestro Señor. Recordemos aquel pasaje de San Pablo en su Epístola a los Romanos: «Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? Quien a su propio Hijo no perdonó, antes por nosotros todos le entregó, ¿cómo no, juntamente con Él, nos dará de gracia todas las cosas? ¿Quién pre– sentará acusación contra los escogidos de Dios? Dios es quien justifica, ¿quién será el que conde– ne? Cristo Jesús, el que murió o más bien el que resucitó, es quien asimismo está a la diestra de Dios, y quien, además, intercede por nos– otros» (102). No sólo Jesucristo, sino también los santos son nuestros intercesores y protectores ante Dios y consiguen para sus devotos auxilios especiales. Sobre todos ellos está la Reina del cielo, Maria Inmaculada, Medianera universal de las gracias, refugio de pecadores, auxilio de los cristianos, vida, dulzura y esperanza nuestra. Es cierto que en Dios, en la Virgen y en los Santos debemos colocar nuestra esperanza, pero esto no excluye nuestra cooperación; antes, es ab– solutamente necesaria para que nuestra esperan- (99) Me:nor esto 1•crbi tui ,:ervo tuo in quo mihi spem dedisti. Ps. CXVIII. 49. (100) In te Domine speravi, non confundar in aeter– nmn. Ps, XXX. 2. (101) Sess. VI, de Justif., cap. XVI. DENZING-BANN., n. 799. ( 102) Rom., VIII, 31 y sigs. «ALVERNIAll 26

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