BCCCAP00000000000000000000622

390 ((ALVETTNIA)) lo arrebatan (86). La bienaventuranza es el bien más importante y principal; por eso, aunque cue:;– te lo que cueste, es necesario trn,bn,jar por conse– guirla. 4.º El bien es posible, porque lo imposible no puede ser objeto razonable de esperanza. La posibilidad no procede de las solas fuerzas hu– manas, sino del auxilio de Dios, como veremos más adelante (87>. Objeto material de la esperanza. La materia so– bre la cual se extiende nuestra esperanza es in– mensa. El objeto prlmario y principal es Dios, nuestra. suprema felicidad. Cuando al ciego To– bías, siendo insultado por sus parientes y conoci– dos, le preguntaban: ¿Dónde está tn esperanza por las se1mlt11ras y limosnas que hacías?, él les respondió diciendo: No habléis así, porque somos hijos de santos y esperamos aquella vida que Dios ha de dar a los que no pierclen su fe en É'l (88). D:os mismo, hablando a Abrahán, le dijo: Yo soy tu protector y tu recompensa sobre manera gran– de (89). Mas porque no podemos conseguir la vida eter– na sin los auxilios sobrenaturales, versa también la esperanza sobre todos aquellos bienes sobre - naturales necesarios para evitar el pecado, ven– cer las tentaciones, observar los deberes, adquirir las virtudes cristianas. Además, los bienes tempo– rales y terrenos, que son necesarios o convenien– tes para conservar la vida y perfeccionarla co– mo la salud, la ciencia, etc. Los bienes tempora– les son objeto de la espr,ranza cristiana en cua11 · to conducen a nuestro último fin. La esperan7'.l se extiende tanto cuanto la oración. Esperamos que lo que pedimos se nos conceda. Jesucri.,to, en la oración dominical, nos ensefló a pedir, jur:- 186) Regnum coelorwn illud. Matth., XI, 12. /87) orr. I, II, q. XL, a. L (88) Nolite ita Zoqui: ,nus, et vitam eorum qui fidern suani numr1uam (89) Ego protector tuus nimis. Gen., XV, 1 JJat'itur, et riolcnti rap'i'unt Jiiii scmctoru-m su– cla.turus est hi·•, eo. Tob., II. 17. 18. merces tua 1nagna

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz