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DIA VI Conferencia II <XXII) DE LA ESPERANZA CRISTIANA Bonum autcm facientes, non defi– ciamus: tempore enim suo mctemus, non deficientes. No cesemos de l1acer el bien: ]Jorque en tiemno oportuno lo reco-– germno:,. (GGl., IV, ()¡ A la virtud 'de la fe sigue la esperanza, co– mo consecuencia legítima, porque esperamos co'1seguir aquello que creemos. Nosotros no te– nernos aquí ciudacl permanente, buscamos una futura (84); somos viajeros que caminamos a tra– vés del tiempo para llegar a la eternidad; somos peregrinos que recorremos la tierra para llegar a la celeste Jerusalén. Después del dolor nos es– pera lct gloria; después de la tempestad, la dul– ce calma; después del invierno, la eterna prima– ver2. del cielo. do:.1de nunca habrá ocaso. Res– plandeceremos corno estrellas por toda una eter– nidad (85). Dios es nuestro principio y nuestro fin; de Él procedemos y hacia Él •caminamos; su posesión será nuestra recompensa final. Perdido nuestro fin por el pecado, Jesús vino a abrirnos las puertas de la gloria; nos conce– dió la esperanza de conseguirla, nos mostró la vía y nos dejó los medios. La esperanza es uno de los mayores bienes que ha concedido Dios al hombre; porque nos da vigor y fuerzas para ca- 1 P"-1 !Van P(Li_l!z, habemus hic mmzcntrm. cil'itatem. secl _IUt'UT(!fll 1.nctu1rtmus. Hcbr., XIII, 14. <85) F11lgebunt cr1urni SJJlenclnr firm.amentí,.. q1wsi stellae in perpetuas aeternitGtes. Dan., XII. 3.
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