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376 ((ALVERNIA» mérito, y, formándose el hábito, se aumenta la virtud. Es también muy meritoria la fe en estos tiem– pos de incredulidad, de indiferentismo e irre– ligiosidad. Confesar y practicar la fe ante una sociedad atea, incrédula, positivista, anticristia– na, requiere más valor; exponerse a las burlas, a los desprecios, a las persecuciones, a la muer– te por salvar incólume nuestra fe, por confesarla delante de nuestros enemigos, es muy meritorio. Vencer el respeto humano para practicar la vi– da eterna. La fe es causa de muchos méritos por la rec– titud de intención en el obrar. Las obras buenas no pueden ser meritorias si no se hacen con intención sobrenatural. Por medio de la fe en– derezamos nuestras intenciones a Dios, obramos con miras sobrenaturales, ponemos los ojos en cumplir la voluntad de Dios, en agradarle en to– das las cosas prósperas o adversas. Las leyes y los deberes se cumplen como voluntad expresa de nuestro Dueño supremo. En la obediencia a los legítimos superiores se tienen presentes aque– llas palabras de Jesús: Quien a vos oye, a Mí oye (52). El buen cristiano y el buen religioso, obrando todo con espíritu de fe, pueden adqui– rir tesoros infinitos para la vida eterna. 111. MEDIOS PARA CONSERVAR Y AUMENTAR LA FE La fe es un don de Dios que se infunde en el bautismo, en los adultos supone una adhesión del entendimiento a las verdades reveladas. Co– mo toda virtud, la fe es susceptible de aumento o de disminución. Indicamos algunos medios principales por los cuales no sólo se puede con– servar incólume, sino también aumentar en per– fección. Oración. El primer medio para que Dios con- (52) Qui vos audit, me audit. Luc., X, 16.
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