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364 «ALVERNIA» terno de los accidentes; pero que Dios, por su omnipotencia y en virtud de las facult:.1des co– municadas a sus ministros, ha transustancia– do aquel pan y que se ha convertido en Cuerpo de Cristo. Creo en la palabra de Jesús; Él me ha dicho: Comed, éste es mi Cuerpo. Credo quicl– quid dixit Dei Filius; nil hoc verbo veritatis ve– rius (9). Creo todo cuanto ha dicho el Hijo de Dios; nada hay más verdadero que esta palabra de verdad. Él lo ha dicho, me basta su palabra. Para asegurar un corazón sincero, basta la fe: Ad firmanclum cor sincerum, sola fides suffi– cit UO). Bienaventurados los que no vieron y cre– yeron (11), dijo Jesús a Santo Tomás. A cual– quier alma creyente se le puede aplicar estas pa– labras y se le puede hacer el elogio que hizo San– ta Isabel de la Virgen Santísima: Bienaventura– cla, porque has creído (12). Objeto material. El objeto material de nuestras creencias son todas las verdades que Dios ha re– velado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El órgano infalible que nos presenta estas verdades es la Iglesia Católica, a la cual Dios concedió el don de la infalibilidad. Sea que Dios lo manifieste inmediatamente, sea que lo proponga como dogma de fe por la Iglesla Cató– lica, será siempre objeto de nuestra fe. La au– toridad de Dios, se extiende a todas las verdades mediatas o inmediatas, explícitas o implícitas; a las más necesarias e importantes como a las más secundarias para la vida cristiana; lo mismo es infalible en lo mucho que en lo poco, en lo fá– cil que en lo difícil, en lo incomprensible a la humana inteligencia como en las verdades natu– rales reveladas y asequibles a la humana razón. La fe es universal. La fe católica se extiende a todos los hombres sabios e ignorantes, cultos o incultos, ricos o pobres. Dios es el Creador de (9) Himno Adoro te devote. (10) Himno Pange ling,ua. (11) Beati qui non viderunt et crediderunt. Joan., XX, 29. ( 12) Beata ,quae credidisti. Luc., I, 45.

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