BCCCAP00000000000000000000622

358 «ALVERNIA» tribulationis nostrae, aeternum gloriae ¡;onclus operatur in nobis < II Cor., IV, 17). 3. La prueba más tangible de la misericordia divina es la institución del sacramento de la Pe– nitencia, por medio del cual Dios ciertamente nos la comunica, si lo recibimo1, con las debidas disposiciones. Procuraré prepararme siempre bien y recibirlo con frecuencia, para que me purifique siempre más y satisfaga por mis pecados. Mise– rere mei Deus ... Amplius lava me ... Con mun– clum crea in me Deus ... Ne reminiscaris Domine clelicta mea ... In te Domine speravi, non confun– dar in aeternum ... 4. Pero Dios no me creó para el infierno; me cr2ó para amarle, servirle y poseerle. Dios es mi fin. Dios es mi bienaventuranza. Dios es mí eter– na felicidad. El cielo es mi patria. Dios, desde el principio del crnndo, preparó a los hombres el Paraíso (Matth., XXV, 34). Vendrá un día en que Dios se lo dará a los elegidos... Vendrá un día en que Dios misericordioso nos diga: venicl, benditos de rni Padre, a voseer el cielo que os tengo preparaclo ... Ven, siervo bueno y fiel, entra en el gozo ele tu Señor. Viam mandtórum tuórum cucurri... cllln dilatasti cor meum (Ps. 118, 32). La meditación del cielo dilata nuestro corazón y nos da ánimos para continuar trabajando con e.si' uerzo en el negocio de nuestra salvación eter– na. ¡Maria, Madre Inmaculada, Puerta del Paraí– so, rogad por nosotros!

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz