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DÍA V. --<<DIES TRE!l10RIS ET SPEill 357 si cada una fuera la última de tu vida, como si después de confesarte debieras presentarte inme– diatamente a rend:r cuentas a tu Juez eterno. Refl2xionarás sobre tus confesiones pasadas: si han sido bien hechas, da gracias a Dios y espera en su infinita misericordia, que no quiere la muer - te del pecador, sino que se arrepienta y viva (199). Si han sido malas, prepárate para hacer una con– fesión general en estos días, arreglar tu concien– cia y quedar tranquilo delante de Dios. Se deben evitar tanto los escrúpulos como la negligencia. CONCLL'SIONES Y PROPOSITOS 1. ¿Cuánto durará el infierno? ¿Un mes, un aüo, un siglo? In ignem aet(;rnum. ¡Eternamente! Y ¿qué cosa es la eternidad? La eternidad no tie– ne dimensiones, no tiene fin, no hay esperanzas de término, de cambio... Siempre, siempre, siem– pre! ... Ante la consideración del ini1erno eterno, haré actos de gratitud, porque Dios misericordioso no me ha inmediatamente condenado cuando co– metí pecados graves; actos de temor y detesta– ción del pecado grave, que es la única causa de condenación eterna; actos d2 paciencia y de hu– mildad en las contrariedades de la vida, conside– rando que merecía las penas eternas del infier– no; actos de celo por la salvación de las almas, proponiendo trabajar todo lo que pueda por ellas, a fin de que no se condenen eternamente. 2. Con el pensamiento de una eternidad feliz o desgraciada, se hará más tolerable el sufrir con paciencia las adversidades y penas de la vida presente. ¿Qué son todos los dolores de este mun– do comparados con los tormentos del infierno eterno? ¿Qué comparación tienen los males o pe– nas que podemos sufrir aquí con la gloria futura que allá nos espera? Mornentaneurn hoc et leve mortem impii, sed ut convertatur a via Ezequiel, XXXIII, 11.

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