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DÍA V.-(<DIES TREMORIS ET SPEI)} 353 yes, quizá. algunos pecados a los cuales te sien– tes más inclinado? Vigila sobre tu amor propio, sobre tu pasión dominante para que no te enga– ñen en punto de tanta importancia. dl Sumo. El dolor de haber ofendido a Dios debe superar a todos los demás dolores, incluso al de 13, muerte. Siendo el pecado el mayor mal de los males, la pena de haberlo cometido debe ser también la mayor de todas. Esta pena o do– lor no es necesario que sea sensible; basta que ¡:::>a apreciativamente suma. Esto es, que la vo– luntad aprecie romo mayor mal perder a Dios que todas las cosas de este mundo; que prefier'l el amor de Dios al amor de las criaturas. ¿Haces el dolor de esa manera? ¿Te detienes en consi– derar brevemente los motivos para arrepentirte de los pecados? ; Meditas algo en la bondad de Dios;, la Pasión de Jesucristo, la gloria del Paraí– so, fas penas del infierno, las consecuencias, in– gratitud y fealdad de los pecados? 3.ª Propósito.- Si la contrición es verdadera, debe incluir, por lo menos imnlícitamente, el pro– pósito de la enmienda. NinP.;uno se arrepiente del pasado, si no propone para lo futuro. Sin la resolución firme de no ofender a Dios. el pecador no nodrá ott~ner la .iustificación: lejos de arre– pentirse. s 0 ría burlo.rse de Dios. La voluntad debe convertirse a Dios y desear vlvir siempre unida a Dios: debª estar dispuesta a servir a Dios, cueste 1o ou0 cueste. No bastan los deseos vagos: es nP– f'PSarlo q110 esos deseos sean eficaces, es decir. acompañados de las obras. Por esto, el pecador debe esforzarse en emplear los medios necesarios para no volver otra vez al vómito de la culpa. ¡Qué se dirla de un enfermo que no quiere usar de los remedJos necesarios que le señala el mé– dico para recobrar su salud? Que no quiere efl– r □ zmente rurorse. ¿Qué diremos del pecador que no ouiere usar ele los medios necesarios para evi– tar ¡,,_ culpa grave? Que no quiere salvarse. ¡.Quie– res la vida espiritual de tu alma? Pues entonces no la des muerte otra vez por el pecado. Sin me– dios no se consigue el fin, y sin propósito firme
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