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348 ((ALVERNIA)) m:o nos deb? a::limar a nosotros a trabajar por el cielo. Somos agricultores de la viña del Señor, negociantes del reino de los cielos, estudiantes de la ciencia de la santidad, soldados que mi– litamos en las lilas de Cristo contra tantos ene– migos que nos combaten continuamente. Luego debemos trabajar, negociar, estudiar, luchar, pa– ra conseguir la corona de la gloria. Si los atle– tas, los deportistas ... se abstienen de tantas co– sas... por una corona corruptible, ¿por qué nos– otros no nos abstenemos del pecado y del vicio por una corona incorruptible y eterna? _(190). No tie– nen comparación los sacrificios, las cruces, las ad– versidades, las mortificaciones, las penitencias, con la futura gloria que esperamos (191). Este galardón hacía exclamar al Seráfico Padre en medio de sus dolores: Es tanta la gloria que es– pero, que en las penas me deleito. Y predicando a multtud de Frailes, les decía: <<Grandes cosas prometimos, mayores nos son prometidas; guardemos aquéllas, suspiremos por éstas. El deleite es breve, la pena perpetua; p2qu2:fio el sufrimiento, infinita la gloriá. La vocación es de muchos; la elección, de pocos. De todos st:Tá :a recomp:msa. Amén.» San Pedro de Alcántara. apareciéndose des– pués de su muerte a S:mta Teresa, le dijo: iOh feliz penitencia, que tanta gloria me ha mereci– do! C 192). Por la esperanza del galardón, los Após– toles surcaron los mares, se expusieron a grandes pdigros y sacriücios; los mártires derramaron su sangre por Cristo y padecieron horribles tormen– tos; los confesores, los solitarios, los cenobitas, (190) Omnis quiclcm qui in a_qone contendit, ab om– nibus se abstinet, et illi quidem ut corruptibilem co– ronam accipiant, nos mitem incorruptam. I Cor., IX. 24. (191) Existimo enim quod non sunt condignae pas– siones h1ii1ls temporis acl. futurarn gloriam, quae revela– bit1lr in nobis. Rom., VIII, 18. (192) Cfr. Breviario Rom., 19 oct.
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