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344 ((ALVERNIA)l mas la enseñanza escrita dura indefinidamente y puede repetirse cuando se quiera. Un libro es un predicador continuo. De los doctores dice el Profeta Daniel: Los que fueren doctos resplande– cerán como astros del firmamento, y los que en– sei'ían la justicia a muchos, brillarán como estre– llas en perpetuas eternidades ü 79). c) Aureola de las vírgenes. Las vírgenes obtie– nen una especial victoria sobre la carne, luchan– do constantemente contra los estímulos de las pasiones e inclinaciones sexuales. De ellas dice San Juan que cantaban un cántico nuevo... , y ninguno podía cantarlo sino aquellos ciento cua– renta y cuatro mil que fueron tomados de la tie– rra. Estos son los que no se mancharon con las mujeres; son vírgenes que siguen al Cordero don– dequiera que vaya ( 130). Este premio accidental llamado aureola reside principalmente en el al– ma, y puede ser diferente según la dificultad de la lucha y la excelencia de la victoria. Dejamos otras consideraciones de los teólogos sobre esta gloria especial. Gloria proporcionada. En el cielo también rei– na la justicia y con más imparcialidad que en la tierra. Dios dará la gloria proporcionada a los méritos de cada uno. Dice S. Pablo que cada uno recibirá la propia merced según su tra– bajo (181). Y Jesús nos dijo que en la casa de su Padre hay muchas mansiones (182). Tendrá uno una mansión más o menos esplendorosa en la Jerusalén celestial, según la santidad adquirida en este mundo. El Apóstol nos dice que una es za claridad del sol, otra la de la luna, otra la de (179) Qui autcm docti fuerint, fulgebunt quasi splen– dor Jirmamenti, et quid Ccd justitiam erudiunt rnultos, q:wsi stellae in perpetuas aeternitates. Den., XII, 3. í 180) Cantabant quasi canticum novum... et nemo poterat dícere canticiun nisi illa centum quadraginic, qu,,ttuor millia, qui empti sunt ele terra. Hi sunt qui cwn mulieribus non sunt coinquinati; vírgenes enim sunt, hi seqmmtur agnurn quocurnque ierit. Apoc., XIV, 3-4. (181) Unusquisque propriam rnercedem accipiet se– cundum suum laborem. I Cor., III, 8. (182) In domo Patris mei rnanéiones multae sunt. Joann., XIV, 2.
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