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340 «ALVERNIA)) solutamente nada interna o externamente. No sufrirá ya ni penas, ni dolores, ni incomodidades, ni enfermedades, ni corrupciones. Todo eso ya pasó. Aún más: ni. podrá sufrir otra vez la muer– te; es inmortal, como el alma. Oportet mortale hoc induere immortalitatem (166). De otro modo, el alma, al unirse con el cuerpo perdería su fe– licidad, y el compuesto sometido a la pasibilidad, a. los sufrimientos, no resucitaría glorioso para nunca más morir. Seminatur in corruptione, sur– get in incorruptione. b) Claridad. La seg·unda dote es la claridad. Los justos resplandecerán como el sol; brillarán como estrellas en el firmamento en perpetuas eternidades (167). Serán transformados como Jesús en el monte Tabor, cuya faz era resplan– deciente como el sol y sus vestidos blancos como 12. nieve. Jesús reformará nuestro cuerpo con– forme a la claridad del suyo. Jesus Christus re– formabit corpus humilitatis nostrae configuratum corpori claritati suae (168). El hombre concebido, conservado en fealdad, convertido en polvo, se le– vantará del sepulcro glorioso y radiante de be– lleza. Seminatur in ignobilitate, surget in glo– ria (169). c) Agilidad. Esta consiste en una facultad de moverse rápidamente de un lugar a otro, según la voluntad del alma. Con la velocidad del pensa– miento podrá recorrer los espacios del universo mundo, las distancias inconmensurables de los astros. Entonces tendremos cuerpos aptos para movernos en un momento adonde deseemos. El cuerpo, añade Santo Tomás, está sometido al alma como a un potentísimo motor que le mo– verá sin impedimento a medida de sus deseos _(170). Ningún movimiento, ninguna velocidad conocida 1166) l. Cor., XV, 53. ( 167) Q1li autein docti f1Lerint, J1tlgcb1Lnt q1Lasi splen– dor fírmamenti: et qui ad justitíam ermliunt multas, quasi stc/lae in pE'1·pet1Las aeternitates. Daniel., XII, 3. (168) Phil., III, 21. (169 I Cor., XV, 43. (170) Smnm. Theol. SuppL, q. 82.
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