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336 ((ALVERNIA)) ner felicidad completa. Al contrario, una vez que el entendimiento vea cara a cara la divinidad, la voluntad se una perfectamente a su bien su– mo, y del conocimiento y de la unión resulte la fruición o gozo del alma, ésta será completa– ment1¿ feliz (158). Tendrá tanto gozo cuanto es capaz por sus méritos adquiridos. No deseará más ni ambicionará más. Estará contenta con la suerte que le ha tocado. Todos los teólogos exigen para la bienaven– turanza completa estos tres actos: visión intuiti– va, amor unitivo de lxmevolencia y fruición sa– ciativa. Cuál ele esos actos sea el principal, más esencial, más primario, como raíz y fuente de los demás, no concuerdan los autores. En otros tér– minos, se disputa entre los teólogos acerca del constitutivo metafís 1 co de la bienaventuranza formal o subjetvio.. La escuela tomista lo coloca en los actos del e'J.tendimiento; la escuela esco– tista, en los acto:;,. ele la voluntad; S. Buenaven– tura, Suárez y otros muchos teólogos, en los ac– tos de las dos potencias simultáneamente. Unos y otros son igualmente neccsarlos para la felici– dad completa. De estas cuestiones no nos ocupa– mos aquí. Para la felicidad completa es indife– rente que se ponga el constitutivo metafísico en cualesquiera ele esos actos. Dejemos esas dispu– tas especulativas para la cátedra. La felicidad esencial está en la posesión de Dios. Este es el objeto necesario y suficiente: l.º Es necesario, porque todas las demás cosas sin 11:l no pueden causar la felicidad. Aunque se re– unieran todos los seres del universo con todas sus bellezas, goces y armonías, no podrían saciar completamente las humanas facultades, que sien– ten aspiraciones a la posesión de un Ser infini– to. 2. 0 Es suficiente, porque teniendo a Dios, el alma goza del Ser infinito, y fuera del infinito nada puede desear. El que a Dios tiene, nada le falta; sólo Dios basta. í 158) Satiabor cum ap¡wruerit. Ps. XVI. 15.
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