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330 «ALVERNIA)l cíes: al Premio sustancial, estola del alma, que co~11,iste en la visión, fruición y posesión del su– mo Bien. Dios será para la razón de los bien– aventurados plenitud de luz; para su voluntad, plenitud de paz; para su memoria, continuación de eternidad. b) Premio consustancial, que con– siste en la gloria del cuerpo después de la resu– rrección, cuando de nuevo se unirá al alma, que algunos llaman estola del cuerpo. c) Premio ac– cidental, que consiste en cierto decoro especial, añadido por una victoria excelente que se llama aureola ( 141). II. DE LA BIENAVENTURANZA DEL ALMA SEPARADA CON RELACION A SOLO DIOS Luego después de nuestra muerte, el alma será juzgada y destinada al cielo, al purgatorio o al infierno. El purgator:o es un lugar de tránsito. Los dos estados def1n'.tivos son el infierno y el cielo. El alma que se encuentra en el número de los elegidos, y suficientemente purgada irá a gozar de Dios antes de la ~·csurreccJón final de los muer– tos; entrará en el gozo de su Señor, esperando la unión de su compañero, reducido a polvo en el sepulcro. Esta alma, ya en lf.l bienaventuranza, gozará de una felicidad completa, cuyo objeto principal, necesario y suficiente, es el Sume Bien, Dios nues– tro Señor. Pero, además de este bien Sumo, ten– drá también otros bienes, otros gozos accidenta– les relacionados con las criaturas, como luego ve-• remos. Contemplemos primeramente la bienaventu– ranza perfecta y esencial, de que gozan las al– mas separadas por parte de Dios, examinando las propiedades que debe revestir esa felicidad per– fecta de las almas. Primera propiedad de la bienaventuranza: ex- (141) Cfr. s. Bonav., nreviloq., cap. VII. p. 276. Qua– racchi, 1925.

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