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DÍA V.--<<DIES TREMORlS ET SPE!}) 329 I. NATURALEZA Y PROPIEDAD DE LA BIEN– AVENTURANZA Es muy dificil hablar de la bienaventuranza para los que no la hemos visto ni gustado. San Pablo nos dice que en su arrobamiento oyó co– sas que no es lícito al hombre proferir _(139). De– mostrar la grandeza del Paraíso es cosa que excede a nuestro entendimiento. Sólo por abs– tracciones, por argumentos deductivos y por las verdades reveladas, pode!11os llegar a vislumbrar algo de lo que será el cielo. Guiados por la fe y por la razón, digamos algo de lo mucho que han escrito los filósofos y los teólogos acerca de la bienaventuranza. Naturaleza y divisiones. La bienaventuranza <Eudaimonia) la definió Boecio diciendo: Status omnimn bonorum aggregatione perfectus (140). Es un estado perfecto en el que se poseen todos los bienes. En otras palabras: Es la posesión per– fecta de todos los bienes posibles a la criatura, con exclusión de todos los males. Por tanto, la bienaventuranza perfecta debe poseer tres con– diciones: 1:1 Absoluta exclusión de todos los ma– les. 2.ª Plena vosesión de todos los bienes. 3.ª Per– petuidad conocida; es decir, que la criatura bien– aventurada esté segura de poseer siempre esa fe– licidad, sin temor de perderla jamás. La bienaventuranza puede ser perfecta o im– perfecta. Será perfecta si tiene las condiciones antes indicadas; será imperfecta si falta alguna de ellas. Puede ser natural y sobrenatural, según que pueda obtenerse en un orden natural o en un orden sobrenatural, por medio de la gracia. Hablamos aquí de la bienaventuranza sobrena– tural, del premio que recibirán en el cíelo los cris– tianos. El premio celestial se divide en tres espe- (139) Audivi arcana verba, quae non licet homini loq_ui. II Cor., XII, 4. (140) Gonsol. Phil., lib. III, prosa 2. M. P. L., t. 63, col. 723. <CALVERNIA» 22

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