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DIA V Conferencia IV (XIX, DE LA BIENAVENTURANZA ETERNA Gamlete et ces 1:estra quoniam mer– coelis. Gozaos y alborozaos, pues vuestra recompensa es grande en los cielos. (l\Iatth., V, 12). En Etica y en Ps:cologia se demuestra que el hombre tiende siem¡}re a la felicidad. La expe– riencia y la Historia nos ensefi.an que todos los mortales tenemos un s.petito que: nos inclina ha– cia la felicidad en ge:ne:ral. Los hombres la bus– can siempre y en todas las cosas: en los hono– res, en los placeres, en la rlqueza, en la satis– facción de las pasiones y propias inclinaciones. Buscan la felicidad el obrero y el patrono, el po– bre y el rico, el ignorante y el sabio, el político y el estadista, el secular y el religioso, el nifi.o y el adulto, el joven y el anciano. No hay edad, clase o condición que no corra en pos de ese talismán que nos atrae irresistiblemente. Co:no la sombra sigue a los objetos que la proyectan, así el hombre sigue a las cosas u objetos en los cuales coloca su felicidad. Una triste experiencia nos ensefi.a que muchos colocan la felicidad en los bienes cadu– cos de esta vida. Empero, la verdadera y sólida felicidad no se puede encontrar ni en los bienes particulares ni en el cúmulo de todos ellos. El Rey Sabio, después de gozar de cuantos bienes puede disponer un hombre sobre la tierra, se ve

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