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324 «ALVERNIA)) nos de exclamar confiado: Fiat misericordia tua, Domine, super nos, quemadmodum speravimus in Te. In Te, Domine, speravi non confundar in aeternum. ¡Oh Dios mío! Tú, qui Mariam absolvisti et za– tronem exaudisti, mihi quoque spem dedisti Tú que misericordioso absolviste a la Magdale– na, que oíste al buen ladrón y a otros muchos pecadores, me dais esperanzas de perdón y de mi– sericordia. Diré con S. Buenaventura: «¡Oh al– ma!, dirige el rayo de la contemplación a tu Dios y Señor, y considera cuán paternamente, por m 0 dio de ocultas inspiraciones, te llamó del pe– cado; con cuánta dulzura y amabilidad, mediante locuciones interiores, te sacó de la culpa, dicien– do: Revertere, revertere, vuelve, vuelve alma a tu Dios, porque te has hecho miserable por el pecado. Vuélvete a Mí, porque soy tu creador, tu redentor, tu consolador, tu remunerador (132). Vuelve, alma cristiana, tus ojos lacrimosos al Redentor del mundo y contempla al Dios de las misericordias, que ha seguido tus pasos, ha visto tus extravíos y te ha esperado con infinita pa– ciencia. Este es tu Redentor, que ha subido por U al Calvario y está clavado en la cruz por tus pecados. Desde esa altura nos llama a todos sin excepción, con voz amante y cariñosa, como pa– dre que muere para dar la vida a sus hljos. Nos llam2. co:1 sus dolores, con su sangre, con sus lla– gas. Tiene los brazos abiertos para abrazarnos, la cabeza inclinada para besarnos, el Corazón abierto para introducirnos en él. Animo, pues, alma mía. tú, paloma mía, que anidas en los agujeros de las peñas y en las con– cavidades de las murallas 033), vuela a las ma– nos, a los pies, al costado de Jesús crucificado, y am encontrarás el perdón, la paz, el descan– so (134). (132) Soliloq., c. I. s. 4, n. 37.-38. Tom. VIII, p. 41. (133) Cant.. II 14. (]'H' Cfr. s. BONAV,, So!iloq., c. I, S, 4, n, 39, 'I'O• mo VIII, p 41,

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