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322 {(ALVERNIA)) P2dro al apostolado, distinguido con la confianza del Maestro en la administración económica, avi– sado en la cena por el Salvador, saludado como amigo en el huerto: Amice, ad quid venisti?; be– sado con carifío por los labios más misericordio– sos que han existido, Juclas: ¿con un beso entre– gas el Hijo del hombre? Quid est quod debui ultra facere ... et non feci? ¿Qué más podía hacer el Salvador? Sin embctrgo, ¡ Oh misterio de la gracia y de la predestinación! Judas, impenitente, con– tinúa en sus pecados, entrega a su Maestro por treinta dineros, y ten:1.ina por ahorcarse: Abiens, laqueo se suspenclit (126!. ¿Qué le faltó para ob– tener e: perdón? Un acto de confianza en el Co– razón adorable y amable del Redentor, un beso, no de traidor, sino de amor, dado a Jesús; un peccavi Domine, no de desesperación, mas de arrepentimiento, hubieran convertido a Judas de avaro en generoso, de traidor en amante verda– dero, de pecador en santo. A estos hechos afladid otros innumerables que nos cuenta l::t Historia. Recordad la parábola del fr.riseo y publicano; el perdón de la adúltera y del buen ladrón; la conversión milagros::i, de Sau– lo, perseguidor de los cristianos; el triunfo de la gracia en S. Agustín, obtenida por las lágrimas de su madre, Santa Mónica: la penitente fran– cisc::mn, Margarita d2 Cortona; la conversión de tantos y tantos que, dominados por los placeres de la carne, por el oro de la tierra y por la so– berbia de la vida, o por cualquier pasión desor– denada, se ho.n precipitado de ab:smo en abismo, de pecado en pecado, de vicio en vicio. Pero lla– mados amorosamente por la gracia, confiados en la miseriordia de Dios, en la sangre de Jesucris– to y en la protección de la Madre de Misericor– düJ. y Refugio de pecadores, se levantaron del abis– mo, salieron del sepulcro del p2cado, volvieron sus pasos hacia la casa paterna y con corazón con- (126) Matth., XXVII, 3.

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