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DÍA V.--<<DIES TRE:MOntS ET SPfil)) 309 no (87). Bienaventurados los que padecen per– secución por la justicia, porque de ellos es el rei– no de los cielos (881. El ángel del dolor que nos acompaña en la vida, nos acompañará también en la muerte, y nos conducirá directamente al cielo. Digo direc– tamente, porque la cruz, el dolor, la tribulación, nos librarán de las penas del purgatorio. Cuanto más se sufra aquí por .la tribulación, menos se sufrirá después en el purgatorio. El dolor satis– fará nuestras deudas, servirá para cancelar 1a pena debida a nuestras culpas. En fin, el dolor nos desprenderá de las cosas de este mundo, iluminará nuestras mentes, puri– ficará nuestras almas, consolidará nuestras vir– tudes, adornará nuestras potencias, aumentará nuestros méritos, nos conquistará una hermos::t corona para la eternidad. De las razones mencio– nadas se deduce que la paciencia es una virtud importantísima, de consecuencias consoladoras y de frutos saludables para ésta y para la otra vida. De aquí se explica cómo los santos tenían tan– to deseo de padecer y soportaban las cruces con tanta alegria. Su ardiente deseo de dolor no pro– cedía sólo de las ventajas que produce, sino prin– cipalmente de la ardiente aspiración de aseme– jarse a Jesucristo, Varón de Dolores, Mártir por excelencia. III. COMO DEBEMOS EJERCITARNOS EN LA PACIENCIA Nuestra paciencia en las adversidades, para que sea meritoria y agradable al Señor, debe reves– tirse de algunas cualidades. Debemos, además, ser industriosos en la manera de practicar esta virtud para que no se nos haga tan pesada y difícil. (87) Luc., XXII, 28 y sigs. (88) l>fatth., V, 10.

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