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DÍA v.-((Dms TREMORIS ET SPEDl 305 ciegan y oscurecen la mente. No conserva el equi– librio necesario que requiere la prudencia. La impaciencia es una especie de insipiencia, porque con nuestras impaciencias no consegui– remos nada, nada remediaremos. Supongamos que uno, tropezando en una piedra. cae y se las– tima. Si ese tal se impacienta y prorrumpe en pa– labras inconvenientes, ¿podrá ya evitar la caída y el mal que se ha ocasionado? No por cierto. Lo único que se debe hacer es caminar con más cuidado en adelante. Si uno pierde un objeto pre– cioso, o, cayéndose de las manos, se rompe, ¿con la impaciencia se podrá encontrar o reparar? De ninguna manera. Nos ocurre una desgracia, una contrariedad, un disgusto ... , ¿evitaremos to– do eso con la ira, la impaciencia, el desaliento, la tristeza? Ni por sombra. Nos sobreviene una enfermedad, sentimos dolores agudos, aflicciones del espíritu, desgracias de familia; ¿podremos evitar esas calamidades poniendo el grito en el cielo y montando en cólera? El pacentísimo Job. cuando le reprendía su esposa por la invicta pa– ciencia y s¡mplicidad con que soportaba sus des– gracias, le respondió: Has hablado corno una mu– jer tonta (75). Lo dijo el Espíritu Santo, que el impaciente obrará corno un insipiente (76). Luego, si no queremos aparecer como insipientes, es ne– cesario abrazarnos con el dolor, someternos a la tr:bulación, resignarnos en la adversidad. 11. UTILIDAD DE LA PACIENCIA El dolor es un gran bienhechor que nos regala muchos bienes aun contra nuestra inclinación natural y quizá sin conocerlo. De la tribulación, el alma reporta grandes ventajas. En la adver– sidad se forjan las almas grandes. Por la adver– sidad pasaron los santos y los genios. Indique- (75) Quasi una de stultís mulieribus loc1ita es. Job, II, 10. (76) Imvatiens opcrabitur stultitiam. PrDc'., XIV. 17.

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