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302 «ALVERNIA» cacion a la cual habéis sido llamados con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportán– doos mutuamente en caridad, solícitos de con– servar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (73). No faltan religiosos que soportan con facilidad a los seglares, se muestran corteses, afables, con– descendientes con las personas seglares; pero no toleran la más mínima molestia de los hermanos, no saben sufrir con paciencia sus defectos, qui– zá involuntarios. Tienen dos medidas: una para los de fuera y otra para los de dentro. NosJtros nos debemos a todos, y primero a los de casa, con los cuales tenemos que convivir, unidos con el vínculo de la caridad, la cual es paciente, sufri– da, tolerante... e) Paciencia en la observancia de nuestra le– gislación. Los Religiosos tenemos votos, reglas, constituciones, observancia, establecidas por ley o por costumbre. Todas esas observancias exigen sacrificios, dominio de apetitos y pasiones, pri– vación de comodidades, etc.; todo lo cual no pue– de re:11izarse con mérito sin una invicta y constan– te pacie:icia. Por la altísima pobreza se carecerá muchas veces de lo útil y quizá de lo necesario. Es necesario armarse de paciencia, consideran– do que poco basta para satisfacer la necesidad y nada para dar gusto a la sensualidad. Por el voto de castidad, el religioso renuncia a todo placer sensual, aun los lícitos en otro estado. Para hacerse violencia, luchar continuamente con las pasiones, mantener intacta la virtud angéli-· ca, mortificar los sentidos, evitar los peligros y ocasiones, se necesita no poco sacrificio; es ne– cesaria. una no interrumpida paciencia en el ruido combate de los apetitos carnales... Por el voto de obediencia, el religioso debe obe– decer en cosas contrarias a su genio, desempe– ñar oficios que son contra su voluntad, someter– se a superiores quizá menos competentes que él, e (73) E]JhCs., IV, :3.

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