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DÍA V.--<<DIES TREMOTIIS ET SPE!)) 299 ra;;. ¡ Cuántas lágrimas en la familia, en el ma– trimonio, en la ancianidad! ... De la cuna al se– pulcro corre un río de lágrimas amargas... La ley del dolor es universal y continua, porque en este mundo no se puede encontrar la felicidad. Sólo en el cielo desaparecerá por completo el do– lor (68). No hemos nacido para mecernos con– tinuamente entre las fragantes flores de esta tie– rra; la divina Providenc.a. va sembrando por el trayecto de nuestra vida las espinas de la tribu– lación y del dolor... Y en medio de estos dolores, de estos sufri– mientos que nos vienen de todas partes, ¿qué ha– remos? ¿Caeremos en un pesimismo nocivo que conduce a la desesperación? Entonces será au– mentar al dolor la desgracia. No; el remedio del dolor está sólo en la virtud cristiana de la pa– ciencia. El dolor, en sí un mal; bien dirigido, es un¡¡, fuente de bienes. La resignación en la enfer– medad, la paciencia en la tribulación son virtu– des dignas del hombre racional y libre, que acep– ta el sacrificio como condición necesaria de la vi– da temporai para conseguir la eterna. La paciencia es una virtud por la que sufrimos con ánimo igual, por amor de Dios y en unión con Jesucristo, los padecimientos físicos y mora-– les; moderamos la pena y la tristeza causadas por el dolor. Por los bienes que esperamos reci– bir de la generosa mano de la Providencia so– portamos todos los males de cualquier género que sean: Vamos a tratar: I. Necesidad de la paciencia en el dolor. II. Utilidades que nos reporta la paciencia en la adversidad. III. Modo de sufrir con paciencia el dolor. (68) Neque dolor erit ultra. Apoc., XXI, 4.

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