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«ALVERNIA» merece tantos castigos; si por el pecado mortal puedo condenarme eternamente, vivir separado de Dios para siempre, no sólo debo arrepentirme del pasado y proponer para lo venidero; debo te– mer y temblar; debo apartarme de las ocasiones, de los peligros; debo huir de todo aquello que me pueda conducir al inilerno; vivir continua– mente en un santo temor de Dios. Clavad, Sefíor, mis carnes con vuestro temor ( G6J. Temor no ser– vil y mezquino, sino temor filial. temor de ofen– der a Dios y perder mi último fin, para el cual fui creado y Vos queréis que consiga... 5. Celo. Por último, debe excitarnos al celo por las almas. Yo no sé el número de los que se sal– van o se condenan: quiero suponer que sean po– cos los pecadores que se condenan; pero aunque no fuera más que uno sólo, debiera esforzarme por salvarlo, hacer todo lo posible para librarlo de aquel lugar de tormentos. Ver un alma que se condena eternamente y no moverse por sal– varla, no tenderla la mano para que no caiga en aquel suplicio sempiterno, es no tener compasión ninguna. Jesús dió la vida por ellas, murió por todos; yo debo imitar a mi Salvador y dar tam– b:én mi vida por la salvación del mundo. Debe– mos ser coadjutores de Dio5 en la salvación de las almas; ponernos de centinelas a las puertas del infierno para impedir que ninguno entre en aquel abismo ... Señor, dame almas... Señor, no permitáis que los hombres ingratos se condenen. Te rogamos, Señor, que salves a los que has redi– mido con tu sangre. Por último, reconociendo el dogma infalible de 12. existencia del infierno, meditando las penas de daño y de sentido, reflexionando en la eter– nidad de aquellos horribles tormentos de los con– denados, agradezcamos a Dios el habernos libra-– do de la muerte eterna; pidámosle perdón de los pecados cometidos; hagamos firme propósito de no volverlos a cometer con la gracia de Dios; ten- (66) Confige timare tuo carnes meas. Ps. CXVIII, 120.

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