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DÍA V.-«DIES TREMORIS ET SPED> 293 lo que seremos < 59).Luego la eternidad del infier– no está muy conforme con la razón, y ésta con la fe. ¿Qué es la eternidad clel infierno? Nosotros con– tamos los días, los años, los siglos, pero la eter– nidad no la podemos contar. Sólo podemos decir que es una duración sin fin. No hay cosa en este mundo con que se la pueda representar. Se suelen poner algunas comparaciones para indicarnos su duración, pero de ninguna manera llegan a la realidad, ninguna cosa mensurable puede adecuar la eternidad. Imaginaos un pajarito que cada mil años lleva en su pico una gota de agua de todos los mares, de todos los lagos, de todos los río.;;, de todas las fuentes. ¿Cuántos siglos serían necesarios para que ese pajarito agotara toda esa agua? Pues bien: el pajarito llegaría a ago– tar toda esa agua antes que terminara la eter– nidad. Imaginaos una hormiga que cada un millón de años traslada una partecita de tierra del Asia a la Europa; antes terminaría con todo el territo– rio del Oriente que se terminara la eternidad... Imaginaos un insecto que cada mil millones de años transportara un grano de arena para for– mar un montón tan grande como desde la tierra al sol; ese montón de arenas incontables se lle– garía a formar antes que se terminara la eterni– dad. Imaginaos todas las comparaciones que que– ráis: ninguna puede adecuar la eternidad; por– que las cosas de este mundo, al fin y al cabo, todas scm finitas, mientras que :a eternidad no tiene fin en la duración. Meditad ahora los tormentos del infierno: la privación d2 D'.os, de la bienaventuranza, los su– frimientos de la pena de daño ... Añadid a esos sufrimientos las penas del sentido, el fuego abra– sador con todas las demás penas consiguientes. Considerad que todo ese cúmulo de sufrimientos de los condenados será eterno, sin fin, sin espe- (59¡ In Is., 66, 24. lvl. P. L., t. XXIV, col. 678.
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