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DÍA V.-<<DIE'3 TREMORIS ET SPE!}) 291 penas del infierno fundados en la revelación e in– terpretando los textos bíblicos en este sentido. La Iglesia ha condenado repetidas veces los erro– res en contrario (52), ºy definió la eternidad de los premios y castigos el Concilio Lateranen– se IV (53). Esta doctrina que enseña la fe no es contra– ria a la razón; antes muy conforme. Toda ley exige una sanción p¡;ra que impulse eficazmente a cumplirla. Si la sanción de la Ley divina no fue– r:,, infinita, tampoco sería eficaz. El pecado es una ofensa contra Dios por ser transgresión vo– luntaria de su Ley; sabemos que toda ofensa gra– ve co:itr::i Dios reviste una especie de infinidad, que los esco1:istlcos llaman secundum quid, por razón de la infinita dignidad y majestad de la persona ofendida: Luego el pecado exige un cas– tigo infinito. Co:no el crrstigo infinito en inten– sidad no es posible, lo ser:i en extensión, es de– cir, en 1::: duración de la pena, que no tendrá fin. Escr;be S. Buenaventura que la pena debe ade– cuarse al desorden; como el hombre peca contra un ser infi :1ito, también la pena debe ser infini– ta; no puede ser en intensión; lo debe ser, por lo menos, en duración (54). Lo mismo afirma San Bernardino: «Por razón d2 la malicia de la culpa, que respecto de Dios ofend:do puede llamarse de alguna manera infi:1:ta, se debe una pena infini– ta de alguna ma-:wra; y como nada creado puede ser infinito, resta sólo que se:a infinita en dura– ción (55). Pfrtenece a la justicia del Juez que nunca carezca:i de suplicio los que en la vida nunca quisieron carecer de pecado (56). E! pecado es un desorden que el pecador, des– pués de la muerte, no puede rectificar; es una deuda que no se puede pagar; es una malicia que no se puede retracto.r: luego las consecuencias ( 521 Dezinger, Bannw, nn. 410, 4,'ll. 153¡ IlJid., n. 429. (54) Breriloq., part. VII, cap. VI, t. V. p. 288. 1551 Sermo fcride III, vost I Domin Quadrag., art 1, c~p. 1, t. II, p. 74. 15Gí S. Bona ven t., Soliloq,, cap. III, párraf. III. n. , , t. VII, p. 54.
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