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290 «ALVERNIA)) la existencia del infierno, dicen que tendrá fin. Niegan la eternidad de las penas los universa– listas, que sostienen la salvación universal para todos, incluso los ángeles malos. Después que los condenados hayan expiado sus culpas por los méritos de Jesucristo y la bondad de Dios, habrá una restauración universal, y todas las criaturas serán conducidas a la felicidad eterna. Niegan la eternidad del infierno los condicionalistas, que defienden que la inmortalidad está condicionada a la rectitud de la vida; es un don gratuito que Dios concede sólo a los buenos. Los réprobos, des– pués de haber expiado sus culpas por un largo período de tiempo, serán aniquilados. Niegan también los misericordiosos, que sostienen que la eternidad ele las penas será quizá para algunos solamente; pero para los creyentes, los que prac– ticaron obras de misericordia, los que comieron la carne del Salvador en la Eucaristía, etc., des– pués de cierto tiempo de expiación Dios les libra– rá del infierno ... La Iglesia católica nos enseña como dogma de fe la eternidad de las penas del infierno. La Sa– grada Escritura, en muchos lugares, al hablar del infierno, afirma explícita o implícitamente su eternidad. El Salvador dice a los réprobos: Id, malditos, al fuego eterno ( 48); irán éstos al su– plicio eterno C 49); irán al lugar de tormentos, donde hay fuego ine,Ttinguible, y donde el gusa– no no muere (50); serán atormentados día y no– che por los siglos de los siglos (51). La Tradición llama al infierno suplicios eternos, llamas eternas, tormentos eternos, venganza sem– piterna, penas perennes, fuego inextinguible, gu– sano que no muere, muerte eterna, muerte sin muerte, fin sin fin. Con éstas y otras expresiones semejantes nos hablan los Santos Padres de las (48) l'rfatth., XXV, 41. (49) Et ibmit hi in supplicfmn aeternum. l'rfatth, XXV, 46. (50) Marc., IX, 43, 45, 47. (51) Crucialnmtur die ac nocte in saecnikt saeculo– rum. Apoc., XX, n. 10.

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