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DÍA V.--<<DIES TREJ\IORIS ET SPErn 289 es lo cierto que, así como los bienaventurados tienen un lugar que llamamos cielo, donde se conocen, se am:::.n, se alegran, se congratulan, se regocijan mutuamente, de lo cual les resulta una gloria accidental por la agradabilísima sociedad, del mismo modo, los condenados se hallarán en un lugar llamado inficrn'J, donde se conocerán, se odiarán, se atormentarán mutuamente, viendo a los cómplices de su maldad, a sus corrompidos y corruptores, a los demonios, sus tentadores. De aquella sociedad de indeseables, de desorden, de confusión, de iniquidad y reprobación les resulta– rá también una pena s1=cundaria, pero insopor– table... Los pecadores en este mundo abnsaron de tres especies de criaturas: de las espirituales, los ángeles, pecando e::i su presencia; de los hom– bres, amándolos o aborreciéndolos desordenada– mente; de las inanimadas, sirviéndose de ellas como medios de placer y de culpa... El Sabio dice que por aquellas cosas en que uno peca será atormentado ( 47). Dios, por el abuso que los con– denados hicieron de lo~ ángeles buenos, les en– trega a los demonios; por el abuso de los hom– bres, les obliga a estnr en su in":,ratísima y odiosa compañía; por el abuso de las cosas inanimadas, les condena a arder eternamente en el fuego ... El tormento de los condenados será tanto ma– yor cuanto más lejos se ven de la nobilísima com– pañía de los elegidos y entregados al ignominioso consorcio de los réprobos. III. ETERNIDAD DEL INFIERNO ¿Cuánto durará el infierno? ,'Será cosa de días, de años o de siglos? ¿Se dará un infierno eterno? He aquí un problema Que atormenta las inteli– gencias, aflige los corazones y hace estremecer de espanto. No faltan herejes que, aun admitiendo (47) Per c¡1we JJeccat quis, per hace et torquetur. Sap., XI, 17.
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