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DÍA V.-<<DIES TREMORIS ET SPEI)) 287 gelio que los réprobos serán arrojados a las tinie– blas exteriores (42); que es portentoso, porque de– vora y no consume; que es incomprensible, por– que atormenta no sólo a los cuerpos, sino tam– bién a las almas y a los demonios; que es eter– no, conservado por la divina omnipotencia y ati– zado por la divina justicia. «Ese fuego, dice San Bernardino de Sena, causa un dolor máximo por la potencia de la divina Majestad que lo mueve, por la sensibilidad del paciente y por la inme– diación de la unión» (43). El fuego del infierno, según las expresiones de muchos santos y escrito– res, no es más que pintado con el fuego de este mundo. Considera, pues, alma cristiana, qué ho– rrible será aquel lugar de tormentos; qué locura es por un breve placer, por una satisfacción de un sentido, estar ardiendo para siempre en el in– fierno. ¡Cuánto más preferible es sufrir aquí los pequefios sacrificios que nos impone el cumpli– miento de la Ley de Dios, la práctica de la vir– tud, que no padecer los suplicios eternos! Purifi– ca tu alma con el fuego de la contrición perfecta antes que tengas que purificarla inútilmente con el fuego espantoso del infierno ... Otros tormentos. ¿Hay, además del fuego, otros tormentos materiales en el infierno? ¿Hay otras cosas materiales que hagan padecer a los conde– nados? ¿Se deben admitir el hielo, el agua, el azu– fre, las inmundicias, el hedor insoportable, etcé– tera? Tales penas materiales no se pueden pro– bar suficientemente, ni son necesarias para el infierno. No se debe materializar demasiado el in– fierno. Los libros sagrados, lo;; Padres, escrito– res y santos hablan a veces de esas cosas mate– riales como símbolos para hacer entender de al– guna manera las penas del infierno. Los oradores y poetas se sirven de imágenes para pintar al vivo los suplicios de ultratumba. que no podemos per– cibir aquí en este mundo con nuestros sentidos. Pena del gusano roedor. En la Escritura se ha- (421 Matth., VIII, 12; XXII, 13; XXV, 30, (431 Sermo feriae II, post Dornin. I Quadrag., a. III, cap. III, t. II, p, 72. Oper. Omnia, ed. venetil.s, 1745.

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