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280 «ALVER:N!A» de embotar algún tanto el punzante estímulo de su conciencia, de neutralizar los malos efectos de sus bacanales» _(28). Luego existe el infierno, enseña la fe y exige la razón; claman los pueblos de la tierra y grita la conciencia que habrá en la otra vida premios y penas, recompensas y castigos, donde cada uno recibirá lo que haya merecido... 11. NATURALEZA DEL INFIBRNO ¿Qué es el infierno? Es muy difícil conocer a fondo lo que es el infierno. De las cosas que no percibimos con nuestro sentido nos formamos só– lo ideas más o menos aproximadas. Las cosas de ultratumba sólo las conocemos por analogía. Para formarnos alguna idea de' lo que es el infierno, es necesario distinguir dos clases de penas: una que llaman los teólogos de daño, y otra de sen-– tido En efecto, en todo pecado grave hay dos rea– tos: uno que se llama reatus culpae, y otro que se denomina reatus poenae. El reatus poenae de– pende del reatus culpae. En la culpa grave po– demos distinguir dos desórdenes: 1. 0 La aversión de Dios, o sea el menosprecio que se hace de Dios, nuestro Creador y nuestro fin. Este desorden cons– tituye el llamado reatus aversionis a Deo. 2. 0 Ade– más, en todo pecado grave hay una conversión a la criatura, un amor prohibido, un uso ilícito del ser creado. Este desorden constituye el reatus conversionis ad creaturam. A este doble reato de la culpa corresponde doble reato de pena. A la aversión a Dios corresponde la pena de daño, que consiste en la privación de Dios, en la exclusión de la bienaventuranza. A la conversación ilícita a las criaturas corresponde la pena d0 sentido, principalmente el tormento del fuego. Hablaremos de estas dos clases de penas. (28) Cartas a un escéptico, cap. III. 11
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