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DÍA V.-·«DIES TREMORIS ET SPE!)) 279 de Dios creando, la sabiduría gobernando, y la clemencia reparando; así se manifieste la suma justicia castigando (26J. La equidad de la justi– cia y la recta razón dictan que el mal no per•· manezca impune. Si, muchos pecan en esta vida, los cuales no sufren, antes bien se alegran y go– zan; luego es necesario que sean afligidos después de esta vida, o destruir el orden del universo, o acusar a la divina justicia de negligencia en la punición del pecado (2'7J. Balmes escribe a este propósito: «¿No vemos a cada paso ufana y triun– fante la injusticia burlándose del huérfano aban– donado, del desvalido enfermo, del pobre ham– briento, de la viuda desamparada, e insultando con su lujo y disipación la miseria de infelices victimas? ¿No contemplamos con horror padrE:s sin entrañas, que con su conducta disipada lle– nan de angustia la familia, llevando al sepulcro a una consorte virtuos'a, dejando los hijos en la miseria, no transmitiéndoles otra herencia que el funesto recuerdo de una vida escandalosa? ¿No se encuentran hijos desnaturaiizados que insul– tan cruelment2 las canas de los que les dieron el ser? ¿No se hallan infam2s seductores que des– pués de haber sorprendido el candor y mancillado la inocencia abandonan cruelmente a su víctima, entregándola a todos los horrores de la ignomi– nia y desesperación? La ambición, la perfidia, la traición, el adulterio, la maledicencia, la calum– nia y otros vicios que tanta impunidad disfrutan en este mundo, ¿no han cte encontrar en Dios un vengador?, ¿no ha de haber quien oiga los gemidos de los inocentes? Que no es verdad, no, que el culpable experimenta ya en esta vida to– do lo bastante los rigores de sus faltas; atormén. tale, sí, a las veces, el remordimiento roedor. agregánse las enfermedades; abrúmanle las de– sastrosas consecuencias de su desarreglada con– ducta, pero tampoco le faltan medios, si es rico, (26) Breviloq., p. 7., cap. VI. Oper. Omn., t. V., p. 287. (27) Idem, IV Sent., d. XLIV, part. II, art. 1, q. 1, in corp., t. IV, p. 921.

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