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DÍA V.-<<DIES TREMORIS ET SPEil> 275 La existencia de los castigos eternos, llámense como se quiera, está explícitamente contenida en la. Sagrada Escritura. En algunos libros del An– tiguo Testamento se habla con cierta indetermi– nación y oscuridad; en otros, sin embargo, cla– rísimamente. El paciente Job y los Profetas nos pintan con vivas imágenes los castigos futuros. y hacen vibrar en los oídos de los pecadores el lá– tigo de la divina justicia. En el Nuevo Testamento se encuentra multitud de pasajes referentes a este dogma. Jesucristo mismo exhorta al cumplimiento de su Ley por este motivo. En el sermón de la montaña ex– plica las bienaventuranzas y recomienda la ca– ridad fraterna bajo la pena del suplicio del fue– go (7); manda guardar la castidad y evitar los escándalos a toda costa, y dice que si es necesa– rio sacrificar el ojo, la mano o el pie, es prefe– rible entrar tuertos, mancos Q cojos en el reino de los cielos antes que ir al gehenna del fuego in– extinguible, donde el gusa:10 no muere y el fuego no se apaga (8). A los que oyen su Ley y la cum– plen promete el reino de los cielos; a los que la oyen, pero no la cumplen, dice que no los conoce; que se aparten de Él como overarios de iniqui– clad (9). Los malos son comnarados a ·•los árboles que no llevan frutos, que serán cortados y arro– jados al fuego (10)_ En Cafr¡rnaún, cuando la fe del Centurión ex– cita su admiración, profetiza la vocación de los gentiles a la fe y a la bienaventuranza, y el des– tino de ciertos judíos a las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y crujir de dientes .(11). Cuan– do envía a predicar a los Apóstoles, les dice que no deben temer a los que matan el cuerpo, sino a aquellos que pueden perder el alma y el cuerpo en el fuego (12). (7¡ Matth., V, 22. (8¡ Matth., V, 2D; Marc" LX, 41 y sigs. (D) Disccdite a opernri'i iniqi.-.itatis. Matth., VII, 23. ( 10) füíd., VII, l!J. (11) Matth., VIII, 5 y sigs. i 12) l\Iatth., X, 28.
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