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274 «ALVERNIA» escribió el Salmista: Dijo el ins-ipiente en su co– razón: No hay Dios (3). No habiendo ni Dios ni infierno, el hombre es moralmente libre para abandonarse a todos los vicios de la vida. Pero está escrito que el tonto y el insensato perecerán igualmente ( 4). Predicando a los que tienen fe no es necesario probar la existencia del infierno; pero no creo que sea del todo inútil para evitar las capciosas in– venciones, las falsas teorías y las peligrosas doc– trinas que se leen y se oyen. El recuerdo de las pruebas grabará más profundamente este dogma en nuestros corazones, y lo tendremos más pre– sente en la conducta de nuestra vida. Trataremo.~ este punto con brevedad. remitiendo al lector a los tratados dogmáticos y bíblicos acerca de esta materia. La Sagrada Escritura, al hablar de los castigos de los condenados, los denomina con diversos nombres, que unas veces indican lugc:r, otras es– tado. Como lugar, le llama tártaro, abismo, in– fierno. horno o estanque de fuego y azufre, lugar de tormentos, etc. Como estado, lo denomina des– trucción, perdición, muerte, muerte segunda, re– probación, tinielJlas exteriores, fuego inextingui– ble. gusano que no muere (5). Jesucristo le llama varias veces con el nombre hebreo Gehenna, que quiere decir valle de Hin– non. Este era un lugar, cerca de Jerusalén, donde antiguamente se ofrecían sacrificios a los ídolos, donde los judíos después arrojaban los cadáveres y toda clase de inmundicias; el fuego solía arder casi siempre alli para purificarlas. Era conside– rado como un lugar de horror y abominación; por esto Jesucristo se servia de esta imagen co– rriente en aquel tiempo para rep!esentar el ho– rror del infierno verdadero ( 6). (3) Dixit insipiens in corde s1w: Non est Deus. Ps. XIII, l. (41 Símnl insipicns et stultus peribunt. Ps. XLVIII, 11. (5) V. P. Minges, O. F. M .. Compendiuin Theologiae Dogmaticae, t. II, p. 308, n. 672. Rati.sbonae, 1922. 16) Ibídem.
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