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270 «ALVERNIA)) tiano generalmente conoce, pero que no es su– perfluo recordar. Para animar y consolar al alma, ponemos a continuación la meditación del cielo, que dilata– rá el corazón para continuar con esfuerzo por el arduo camino de la salvación eterna. Confiados en la infinita misericordia de Dios, que no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y vi'ua (Ezech., 33, 11), cobraremos la dulce esperan– z>1. de poder conseguir el cielo, para el cual fuimos creados. Trataremos: I. Del infierno. II. De la paciencia. III. De la misericordia de Dios. IV. De la bienaventuranza eterna. V. Instrucciones sobre la confesión.

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