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DIA V «DIES TREMORIS ET SPEI» La consideración del infierno eterno ejerce so– bre el cristiano una influencia especial para apar– tarle del pecado mortal. Es conveniente tambi¿a para las personas religiosas y sacerdotes; porque, aunque no hayan cometido pecados mortales, estarán más atentos para no caer en ellos y ha– cerse reos de tan terrible sanción. Los mismos santos temblaban de espanto ante el pensamien– to de las penas eternas del infierno. La paciencia es una virtud necesaria para to– dos; porque por todas partes estamos rodeados de adversidades, dolores, cruces y miserias de la vida. Si queremos soportar con mérito el cúmulo de contrariedades y tribulaciones que acompañan nuestra existencia terrestre, es necesario tener no pequeña dosis de paciencia. Con la conside– ración de los castigos o de los premios eternos, toda pena o sufrimiento temporal nos resultará más tolerable. Después de las meditaciones precedentes, el alma se llena de temor y temblor al considerar los propios pecados y las consecuencias terribles que se siguen. Por esto es necesario que no se desaliente; antes al contrario, se humille, pida perdón a Dios y vuelva con confianza filial su vista a la misericordia infinita de Jesucristo, que se encarnó y murió por nuestra salvación. Algunos ejercitantes, después de estas medita– ciones de las verdades eternas, suelen desear ha– cer confesión parcial o general de sus pecados. Para realizarla mejor, hablamos de algunas con– diciones que debe revestir, las cuales todo fiel cris-

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