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llfA 1V.-«llI:ES TIMORISl) 265 lante de la indignación del Juez? (154) Es horren– do caer en las manos de un Dios viviente (155). Reflexionemos con frecuencia sobre esta verdad de fe para conservar y aumentar en nosotros un santo temor de Dios. La meditación del juicio in– discutiblemente producirá en nosotros saludables consecuencias y provechosas ensefianzas. 111. ENSEÑANZAS DEL JUICIO l. La primera conclusión práctica que se de– duce del Juicio es el odio al pecado. En el juicio particular y general, el pecado y el solo pecad;:, es el que condenará al hombre; el pecado sola– mente será la causa de su vergüenza, de su rui– na, de su condenación eterna. 2. Se impone, por tanto, la penitencia cons– tante hasta la muerte. Es mejor que nos casti– guemos nosotros en vida que no nos castigue Dios después de la muerte. Antes del Juicio, dice el Eclesiástico, prepara la justicia (156). Para poder aplacar la justicia del Juez, hagamos penitencia. 3. Debemos examinarnos siempre, pero princi– palmente para recibir d sacramento de la peni– tencia con diligencia, con exactitud, con sinceri– dad, con verdad de todo aquello de lo cual el justo Juez nos acusará el día del Juicio. Si nos juzgamos con severidad a nosotros mismos, no seremos tan severamente juzgados por Dios (157). 4. Celo por la gloria de Dios y salvación de las almas. Dice el Señor por Miqueas: Te mostraré, ¡oh hombre!, en qué consiste el bien y qué cosa el Sefíor quiere de ti. No es otra cosa que prac– ticar la justicia, amar la misericordia y ser so- (154) Ante faciem indignationis eius, qiiis stabit? Nahum., I, 6. (155) Horrenduin est incidere in manus Dei viventis. Hebr., X, 13. (156) Ante judicimn para justitiam tibi. EccZ1.., XVIII. 19. (157) Quod si nosmetipsos diiudicaremus, non utique iudicaremur. I Cor., 11, 31. «ALVERNIA» 18

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