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260 «ALVERNIA)) Luego después de la resurrección se presentar<'.t unido al alma delante del Juez para que pueda ver con los propios ojos la terrible majestad, oír con los propios oídos la sentencia merecida, con– fesar con la propia lengua lo que la conciencia ya reconocía. Vos sois justo, Señor, y recto es 1'11estro juicio (138). 2.ª El hombre debe ser juzgado bajo el aspec– to social. Es miembro de una colectividad, de una persona moral, y, por tanto, premiado o casti– gado ante los miembros de la familia, de la Con– gregación, de la Orden, de la nación, etc., a que perteneció. 3.ª Exige también el Juicio universal el honor que se debe a los justos y la confusión que se merecen los malos. ¡Cuántos hipócritas, calum– niadores, pecadores ocultos existen que pasan por hombres honrados y buenos! A éstos conviene que se les descorra el velo y aparezcan en toda su de– formidad afrentados y confundidos. Justos hay en el mundo cuyas virtudes pasan inadvertidas, cu– yos dolores ninguno conoce, cuya santidad el mun– do ignora; es necesario que éstos resplandezcan en toda su belleza espiritual y reciban el galar · dón que se les debe. En el Juicio universal todos verán la diferencia que hay entre los justos e injustos, entre los que sirven a Dios y entre los que no le sirven . 4.ª La divina Providencia.-Es necesario que Dios quede justificado delante de la humanidad de su conducta y de su gobierno de los pueblos y naciones. El juicio de la historia no es siem– pre ecuánime respecto de las naciones y de los individuos. En el Juicio se verá cómo los pueblos, las naciones, los individuos, tienen culpas tanto más graves cuanto son más grandes y poderosos. Entonces veremos cómo Dios, lleno de bondad, expone a los justos a duras nr11°h 9 ~ n~,.., nne flr:louienm más méritos y recompensas; que con– cede a los pecadores riquezas y prosperidad por i 138l .11,stus es Domine; et rectum jucl.iciwn tumn. Ps. CXVIII, 137.

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